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El día que hice el bien sin mirar a quién

La mayor parte de las veces no nos detenemos a ayudar al prójimo u ofrecerle una sonrisa que quizá pueda alegrarle el día, debido a que en la actualidad vivimos con miedo a que nos vayan a asaltar o ser víctimas de algún crimen en nuestra ‘siempre segura’ Ciudad de México, por lo que preferimos pasar de largo, no hacer contacto visual y apretar el paso. Yo soy uno de los que lo ha hecho, pero una vez, cuando me encontraba en la peor situación económica, decidí que era momento de ayudar, esperando que el karma actuara en mi beneficio.

Me había quedado sin trabajo debido a que hubo recorte de personal en la empresa y tuve que ponerme en marcha en una odisea en búsqueda del empleo deseado, el cual no llegaba pese a que remaba con fuerza, pero no era suficiente. Mi liquidación comenzaba a escasear, tenía que apretarme la tripa y reprimir deseos de gastar en gustos que antes me daba, por lo que tuve que recurrir a una de las empresas que dan préstamos personales.

Cuando recibí el dinero ya lo tenía apartado para futuros gastos y cubrir un par de semanas los pagos de los servicios esenciales. Camino a casa, haciendo cuentas para saber si me sobraría algo aunque sea para darme un lujito, me topé con un joven que pedía dinero para comer. No se veía muy necesitado, así que seguí mi camino hasta que me detuve algunos pasos después. Pensé que yo no me veía como un vagabundo pero estaba padeciendo económicamente, así que relacioné al hombre conmigo y decidí regresarme para ayudarlo.

Le pregunté que para qué pedía el dinero y me respondió que llevaba algunos días sin comer o que sólo lo hacía por las mañanas para que su hijo pudiera hacerlo por lo menos dos veces al día, todo esto debido a que renunció a su trabajo cuando encontró algo mejor, pero a la mera hora decidieron no contratarlo. Así que le di 500 pesos, se los di esperando que el karma se diera cuenta de mi bondad y de paso me ayudara a mi también.

Pasaron tres semanas y seguía sin encontrar trabajo, el préstamo se había agotado al igual que mi liquidación y tuve que recurrir a tocar de puerta en puerta en algunas empresas que conocía para intentar entregarles mi currículum. Recorrí las calles a pie, pues no quería gastar en transporte público, y después de entrar y salir de empresas, llegué a una y vi que me recibía un rostro conocido. Era el hombre al que había ayudado semanas atrás.

El caballero me saludó efusivamente, me contó que tanto él como su hijo y su esposa pudieron comer bien por una semana gracias al dinero que le regalé, me reveló que de la emoción tras recibir los 500 pesos, corrió a comprar una cerveza en vez de comer algo, pues traía muchas ganas. Yo estuve a punto de enojarme, pero luego me contó que en la tienda donde se detuvo a comprar la ‘cheve’, se encontró con un amigo que le ayudó a conseguir empleo, donde, por su forma de ser, se ha ganado el cariño de muchos, incluidos los jefes de la empresa.

Me dijo que quería presentarme con uno de los socios de la organización, que quizá ellos podrían ayudarme y me darían un empleo, cosa que hicieron después de que el hombre les contó lo que hice y, claro, les mostré mi CV.