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Convertí mi cuarto en una selva

Desde que era muy pequeño me encanta todo lo que esté relacionado con la selva, desde su vegetación hasta la fauna, incluidas las especies que podrían matarme o las de apariencia horrible como gran parte de los insectos, que muchos de ellos también podrían ponerle fin a mi vida. Por eso mi cuarto está lleno de juguetes y peluches de animales salvajes, también tengo una tarántula y una serpiente de mascotas, además de artículos de exploración como navajas, látigos al estilo Indiana Jones, entre muchos otros.

Pero mi mayor sueño siempre ha sido que mi cuarto parezca una jungla, como si de repente comenzara a jugar Jumanji y las plantas brotaran de un lugar desconocido, los animales invadieran la ciudad y el olor a humedad se impregnara por todas partes. Por eso comencé a ahorrar con el dinero que me dan mis padres para gastar en la universidad, cobraba por hacer algunas tareas y los fines de semana lavaba autos y cortaba el césped de los jardines de mis vecinos.

Cuando tuve el capital suficiente comencé comprando gran variedad de tipos de plantas, algunos tapetes que parecían pasto y más mascotas salvajes, que provocaron que mis padres pusieran el grito en el cielo pero al final aceptaron, mientras los cuidara y no les permitiera salir de mi recámara. Cuando tuve suficientes plantas, incluso algunas que colgaban de pared a pared y cruzaban por encima de mi cama, sentía que aún me faltaba algo o que algo no cuadraba con cómo lucía mi habitación.

El suelo de cerámica color blanco con manchas de distintos colores estaba fuera de lugar, así que les pregunté a mis padres su podía hacer unos arreglos y quitar el suelo para agregar madera. Lamentablemente su respuesta fue no, pues según ellos los suelos de madera necesitan muchos cuidados. Mi padre, al ver mi rostro de decepción, tuvo una idea y me recomendó ir a ver pisos laminados, ya que son un material resistente, fácil de limpiar y que podría elegir el diseño que mejor se adaptara a mi selva.

Corrí a mi computadora a revisar los modelos y los precios, los cuales me devolvieron la decepción, pues no había ahorrado lo suficiente para comprar los metros cuadrados necesarios para cubrir el piso de mi recámara, a pesar de que son mucho más baratos que otro tipo de superficies.

Continué esforzándome para generar mayores ingresos, ahorraba todo lo que me daban, incluso mi padre, en ocasiones, me daba un poquito más de dinero que a la larga significó llegar a mi meta. Compré los pisos laminados con un diseño de madera decolorada, parecía tan real que me dibujaron una sonrisa inmensa en el rostro. Mi papá y yo los instalamos, y al ver el resultado final mi viejo me dijo: “Wow, sí parece una selva”. Esa frase bastó para saber que mi objetivo lo había cumplido, vivía en una jungla con las comodidades de un cuarto de un chico universitario de tan sólo 23 años. Quizá crean que soy infantil, pero cuando uno tiene una pasión y un sueño, lo que piensen los demás no importa.