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Así nació mi amor por la pintura

Pintar es una de mis más grandes pasiones y una habilidad que tengo desde que era muy pequeño, la cual fui descubriendo sin quererlo. Hoy fui a recibir un premio a una universidad de la Ciudad de México, donde di un discurso de agradecimiento y les conté un poco de mi infancia y mis inicios como pintor, así como los problemas con los cuales me topé y tuve que afrontar para poder llegar hasta aquí, y aún tengo hambre de más y seguiré mi lucha constante. Después de ese momento se me ocurrió escribirles un poco sobre mí y la niñez que tuve, pues fue ahí donde varias personas empezaron a notar la facilidad con la que podía pintar y dibujar, por lo que me impulsaron para seguir por ese camino.

Desde que entré a la primaria, cada que tenía vacaciones, mis padres me enviaban a un curso de verano donde nos enseñaban a hacer manualidades y a pintar en cerámica, esto último era lo que más me gustaba y podía terminar una figura por día, claro que al principio me tardaba un poco más, aun así era el más rápido para terminarlo. La maestra que nos enseñaba me felicitaba, porque pese a la rapidez, todo quedaba muy bien, además le gustaban las combinaciones de colores que utilizaba. Así que me dijo si me interesaba tomar clases extra de pintura al óleo, le dije que sí, pero faltaba la aprobación de mis padres, quienes obviamente no se negaron. Así que empecé a aprender una nueva técnica, la cual mejoré en la secundaria, donde llevaba una clase de arte, donde nos hacían pintar al óleo, y como ya tenía unos años de práctica, volví a sobresalir.

Así empecé a crear mis primeras obras de arte, como me gustaba llamarlas. Las enmarcaron mis padres y las colgaron en las paredes de la casa para presumirlas a todo el que nos visitara. En la preparatoria seguí tomando cursos y clases de arte por fuera, ya que pese a mis habilidades, mis padres no querían que sólo me dedicara a la pintura, sino que tomara una carrera ‘de verdad’. No sabía qué estudiar, lo único que quería era pintar, así que fue muy pesada la preparatoria, ya que tenía la presión de elegir una carrera. Mi profesora de arte me recomendó que tomara diseño gráfico, pues con la tecnología que hay y mi habilidad con lo vintage podría hacer muy buenos trabajos y las opciones laborales se me abrirían. Así que me fui por diseño gráfico.

A media carrera un profesor me invitó a formar parte de una agencia de publicidad donde él era el creativo Sr., según él yo tenía un don que podría explotar en los medios creativos. Así que acepté sin pensarlo. Ahí realicé trabajos digitales y manuales, siendo estos últimos los que más sobresalieron. Incluso en alguna ocasión cree una publicidad hecha al óleo, lo que maravilló al cliente, quien siempre que necesitaba algo pedía que yo lo hiciera. Y así varios de los clientes, por lo que el ascenso no se hizo esperar, así como el aumento del sueldo. Hoy combino el pintar por mi cuenta y exponer mis cuadros con la empresa de publicidad.